Sientate,
esperalo,
siempre viene con la tormenta.
Cuerpo putrefacto,
de tanto sistema, de tanto agobio,
muero en el primer acto,
que mi personaje sea actuado por otro cuerpo.
Que el aire se condensa,
se revela como a una reina negra
en medio de la oscuridad,
acechando siempre la tranquilidad.
Yo no encuentro una sola verdad.
En un rio de mentiras, y dudas, y penas,
aguas que provienen de mi cena
de anoche, cuando me enterré en la tierra,
envenenada con mil emblemas,
yo comí de todas ellas, como siempre.
Mis letras son mis venas,
las escupo como mucha flema, me enerva
arranca mi garganta,
simbolos de una época.
Por más que llueva
siento como mi alma se quema,
en un incendio, de una manera
u otra, provocado por las reinas,
dolor es que celebra.
Mira mis manos,
llenas de ausencia,
todo lo que toco se enferma,
muere, en un lento degradado.
¿Bien merece la pena,
que me hunda hasta las piernas,
que me parta un rayo,
y morir llorando?
¿O quedarme sentado,
mirando en el parque, viendo los niños jugando,
futuro que nunca llega?
Clavarme un siglo solo,
con mi mano en el gaznate,
retorciendo mis ideas,
llorando mil granates,
que caen como gotas
en una triste lluvia
de mil gritos penetrantes.
Es mi alma la que llora.
Mi sombra la provoca, la empuja,
la tira a la borda, todo por su peso, su trauma,
ese nudo en la garganta.
clava sus garras en mi ella
y en todo lo que ama.
Puro odio,
es lo que le alimenta,
desde el principio de los dias,
insaciable es mi ego, de miedo,
torturando todo el tiempo,
¿Hace cuanto te reías?
¿Hasta cuando estaras firme?
Mi beba, mi pena, ella es puro mimbre
para las hojas de mi otoño,
que yo añoro.
Siempre perdido.
Caminando a ciegas.
Por más que alumbre, yo no pienso abrir los ojos.
Me siento solo,
transformado por un punto sin retorno.
Hasta que lo rompo,
su punto de partida en mil pedazos,
libero su retoño.
Que al final ya estamos solo,
solo somos dos y sólo entonces reconozco.
Que mis fragmentos ya estaban todos rotos.
Yo quedo solo.

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